Cartas oceánicas

‘Monsieur le Président’

Platini es el patriarca de una raza que termina en Andrés Iniesta, único en activo. Porque Iniesta desciende de Zidane, Zidane de Laudrup y Laudrup de Platini, para mi gusto, el mejor de todos. Como futbolista ese es su linaje. Jugadores distinguidos por su educación, refinada visión de campo y una gran serenidad. Hombres de pocas palabras, su liderazgo se basó en la interpretación del juego, nadie sabía lo que iba a pasar en la próxima jugada mejor que ellos. Su futbol, mitad genio mitad instinto, no se aprende ni se entrena, se expresa en el momento justo, nunca le sobra un regate ni le falta un segundo. Recordar a Platini jugando es justo, porque mientras más pase el tiempo y avancen los acontecimientos, más importante será su herencia como directivo que como futbolista. Y con la misma personalidad soberana, Platini maneja la UEFA. Sus cualidades ejecutivas son parecidas. Más independiente que revolucionario, mantuvo una pulcra distancia con FIFA al mismo tiempo que resistió el poder de los grandes clubes europeos que formaban el influyente G14. Antes de Platini la UEFA estaba dividida en bloques, el francés produjo la agrupación solidaria del organismo, defendió los intereses de sus equipos y propicio acuerdos con selecciones. Alcanzó soluciones históricas en la cesión de jugadores, la indemnización en caso de lesiones, expulsó a los violentos, luchó contra el racismo y logró un modelo financiero que impide a los clubes gastar más de lo que ingresan. Su gestión ha tenido que ver más con la organización del juego que con su explotación. Es un regulador, un visor, un distribuidor y un ejecutor. Desde su posición, puede dominarse el futbol mundial. Si decide aceptar la candidatura, no tendrá rival.

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