Cartas oceánicas

México vs Cuba: independencia o revolución

En tiempos donde llevamos a Messi, el Barça, la Juve, el United, Cristiano, la Premier, el Bayern o la Champions en un bolsillo del pantalón, resulta aparatoso transmitir un partido de Cuba contra la selección. El futbol y su concepto de globalización, empieza en el metro Pino Suárez y termina en Wembley o el Camp Nou. Los mejores equipos, jugadores, partidos y torneos del mundo son portátiles, por lo tanto, personales. Verlos es un acto de contrición. Convencer al público para que acepte el valor de un partido de México en Copa Oro por televisión, es una labor patriótica y como tal, hay que venerarlo: gritar, ponerse la verde, saludar a la bandera, enseñar el pasaporte y dependiendo el resultado, volver al juego un evento nacionalista o malinchista. Apelar al primitivo concepto de nación. Los comentaristas de futbol, buenos, regulares, malos o muy buenos, terminan siendo más noticia que el futbol. A veces por su clientelismo y otras, por su anarquismo. Adoradores o fiscales. Independencia o revolución. Esto en el futbol mexicano lo llaman libertad de culto o programación. Los torneos de selecciones nacionales en países donde un juego representa la patria y su fundación, son el último refugio de la monstruosa FIFA. Esa cueva donde se adultera al deporte convirtiéndolo en una pócima política o un remedio comercial. La tecnología, que ha modificado la geografía del aficionado abriéndole los ojos y las manos para ver y compartir un futbol de alta calidad sin importar su ubicación, aún no ha podido derribar los complejos. Disfrutar más con el Barça que con el América, cantar un gol de Messi antes que uno de Vela, Oribe o Giovani, no te vuelve más o menos mexicano; solo te acredita como dueño de tu smartphone.    

 

josefgq@gmail.com