Cartas oceánicas

México puso el desorden

De alguna forma fue México quien encabezó la revolución. Brasil 2014 empezando por su selección consentida, descubrió muy pronto que los equipos emergentes, aquellos que el futbol descuenta por abolengo, llegaron marcando territorio. El empate de la selección nacional en Fortaleza, un partido de alcances internacionales, tuvo profundas consecuencias sentimentales. Fue tomado como una derrota por aquellos que ponían la camiseta delante. Las selecciones que viajaron con trofeos en la maleta están pasando migración. El triunfo previo de Costa Rica vs Uruguay, cobró relevancia con el gran juego de México frente a Brasil; el cuadro al que todos le aseguraban nueve puntos en primera ronda. Los ticos confirmaron la tendencia impugnando la historia contra Italia y eliminando a Inglaterra. Un partido que con el tiempo será exhibido como piedra preciosa de los mundiales. Al día siguiente la resistencia Iraní se sumó al frente y aunque cayó ante Argentina, horas después Ghana, cuartofinalista en Sudáfrica, sometió a la poderosa Alemania. Ayer, la evidencia de los Estados Unidos sobre un Portugal necesitado, fue extraordinaria. El Mundial adquirió mayor significado con la impasible representación de estos equipos. Bajo el nuevo orden internacional aunque en otro paralelo, Europa está sufriendo demasiado. Pero fue el futbol europeo lo que promovió el crecimiento de estas selecciones sensación. Quien siga creyendo que jugar en las mejores Ligas del mundo no beneficia al futbol norteamericano, centroamericano, asiático o africano, que pregunte a jugadores como Ruiz, Campbell, Bolaños, Reza, Dejagah, Muntari, Ayew, Asamoah, Jones, Howard y desde luego Guillermo Ochoa. México empezó el desorden, hoy debe continuarlo.   

 

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