Cartas oceánicas

Cliente, producto y marca

El mejor futbolista del mundo sube la escalinata de un palacio de justicia acusado por fraude fiscal; la FIFA modifica reglamentos y aprueba con presiones el uso de tecnología; su presidente, con solo tres meses en el cargo, es auditado en el Comité de Ética del organismo; la Copa América que arranca mañana fuera de su calendario natural, abre un nicho de mercado entre el ciclo de la Eurocopa y los Juegos Olímpicos a cambio de un saco de dólares; el Guadalajara inaugura en la red un subversivo canal de contenidos que le permite liberarse del gobierno de la televisión; y la Liga Mx, compra y vende jugadores a discreción en un régimen cuestionable. Cualquier noticia de futbol en las últimas horas, está relacionada con dinero. Bajo este panorama mercantil, es difícil articular crónicas que valoren los centenarios principios que llevan a un hombre a convertirse en atleta: héroes en desuso. El futbol se volvió inquilino del sistema: parece no tener hogar, familia, ni herederos. El aficionado nativo del transistor, se acostumbra a mirar de reojo todas estas notas si su intención es seguir creyendo; mientras el aficionado nativo digital, nació en una época donde todos estos movimientos, acusaciones y transacciones, son vistas con normalidad en el juego que le apasiona. El peligro para las nuevas generaciones de fanáticos está en mirar este deporte como un mecanismo de fortuna; y para las antiguas, en resignarse frente al materialismo que arrebata sus recuerdos. Hace mucho tiempo que el futbol abandonó los compromisos humanos que tanto pregonan sus dirigentes, jugadores y equipos. Los aficionados se volvieron clientes, los futbolistas productos y los escudos marcas. Todo está en venta, todo tiene un precio.

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