Cartas oceánicas

Messi, Neymar & Company

Impuestos, contratos, castigos, investigaciones, juicios, denuncias, suspensiones; entre Messi, Neymar y Luis Suárez, hay suficientes cargos para pensar que alrededor de estos futbolistas, hay una urgente necesidad de verlos jugar. En apenas dos días marcaron ocho goles con sus selecciones. Solos, en el sitio al que pertenecen, dentro de un estadio y no en los tribunales donde son carne de cañón. Sin importar el nivel y equipo donde juegue, a algunos jugadores profesionales los rodea un círculo afectivo peligroso. Sobran casos para documentar la implicación de padres, hermanos o amigos, que viven a costa del futbolista. Messi y Neymar para no ir tan lejos, son dos multinacionales gestionadas familiarmente. Un error de principiante en figuras de alcance mundial. Un negocio como este, no puede manejarse desde el desayunador de una casa. Por mejores que hayan sido las intenciones de sus padres, todas ellas vinculadas al crecimiento económico de sus hijos, la gestión financiera se confunde con ambición paternal. En eso el que mejor se ha manejado es Cristiano Ronaldo. Siguiendo el modelo David Beckham, un sumario para escuela de negocios, la marca CR7, como en su momento y todavía es la marca “Beckham”, está muy por encima de la marca Messi o Neymar. El daño sufrido por la imagen del brasileño y sus contratos fantasma, o el argentino y su deuda fiscal, tiene que ver con la informalidad al momento de hacer negocio o firmar un contrato con ellos. La carrera comercial de un futbolista de estas magnitudes, puede alargarse en tiempo y millones tanto como los patrocinadores que lo rodean, su principal ingreso acumulado en años, sientan la confianza para seguir siendo representados por ellos incluso retirados. 

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