Cartas oceánicas

McLaren y los hispanos

Un mundo enredado el de la Fórmula Uno, y aún más el de McLaren, británica hasta la última tuerca y en esto los gentleman son muy mañosos. No es la primera vez que un hispano derrapa en sus boxes, antes de Sergio Pérez sufrieron el mismo trato Juan Pablo Montoya, colombiano y Fernando Alonso, español. Lo de Alonso fue peor porque llegaba de Renault como bicampeón mundial y McLaren decidió utilizarlo para crear la figura de Lewis Hamilton, entonces un novato, pero inglés. En aquellas temporadas siempre había un problema en el coche de Alonso que el de Hamilton nunca tenía. Con Checo Pérez ha pasado más de lo mismo, McLaren tuvo en el británico Jenson Button a su piloto favorito. Esto en la Fórmula Uno no es pecado, pero termina por deteriorar las relaciones entre mecánicos, pilotos y directores de escudería. Y aunque detrás de Pérez haya existido el poderoso patrocinio de Telemex, con quien pudo haber algún roce financiero, el orgullo de McLaren suele estar siempre por encima de todo. Fríamente su temporada tampoco ha sido buena, continúa decimosegundo con 35 puntos por 60 de Button, noveno. Pero el criterio deportivo no fue factor para tomar esta decisión. Detrás de la salida de Pérez, como la de Montoya y Alonso de McLaren, hay una relación piloto-escudería que no encaja. El único latinoamericano que pudo dominar el corazón del viejo león inglés fue Ayrton Senna, palabras mayores. A Sergio Pérez le quedan pocos asientos libres en la Fórmula Uno, ninguno del tamaño de McLaren que con todo y sus manías, es la segunda más grande. Para conducir en esta categoría se necesita mucho talento y mucho dinero, Pérez tenía los dos, el piloto ponía las manos y el ingeniero Slim el resto, pero en McLaren no funcionó.  

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