Cartas oceánicas

Mayores de edad

No hay una edad exacta para volverse fanático de un equipo. Aunque la mayoría recordamos más o menos las causas, es difícil precisar en qué momento nos quedamos para siempre con el nuestro. Las investigaciones en algunos de los grandes clubes, coinciden en establecer la teoría de los siete años. Se dice que antes de los siete, un niño puede cambiar de equipo entre tres y cuatro veces influenciado por razones familiares, escolares, sociales o de mercado. La misma teoría establece que a partir de los siete años, es casi imposible cambiar de colores. La conciencia futbolera es una de las primeras en desarrollarse. Una vez fijados sus valores, el niño la confirma asistiendo al estadio, viendo ganar o perder al equipo y defendiendo en ese pequeño mundo una serie de símbolos con los que se identifica. Como la conciencia, la cultura futbolera también madura temprano. Este año, coincidiendo con el Apertura 2014, millones de jóvenes cumplirán la mayoría de edad. Una enorme generación de aficionados nació durante la crisis de los torneos cortos. Son ya dieciocho años bajo este modelo que desde 1996 fomenta la improvisación, la irreflexión y el arrebato. Treinta y seis campeonatos en los que el fútbol mexicano, ha ido perdiendo respeto y seriedad año con año. El nuevo aficionado no conoce la paciencia, no puede definir el estilo de juego en su equipo, no sabe lo que es sufrir con el descenso directo, llama viejo al jugador franquicia, apenas tiene ídolos, los títulos le duran 5 meses, se aburre en 38 fechas y compra camisetas retro para sentirse parte de la historia. Ninguna tradición ha sufrido tanto este cambio cultural como la de América vs Guadalajara. Un futbol con un Clásico débil, es un futbol sin arraigo.  

 

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