Cartas oceánicas

Matías Almeyda, el que tuvo, retuvo

El éxito de Matías Almeyda en la Liga Mx deberá mirarse con perspectiva: corrigió el rumbo de un equipo dirigido por un ex técnico nacional, encontró un estilo reconocible, ganó un torneo de Copa, perdió el gol, entró crisis, soportó la impaciencia del medio, amansó directivos, modificó su alineación, miró a la banca, confió en las promesas, contuvo la defensa, obtuvo resultados, mantuvo el tipo, retuvo el estilo y sostuvo su forma de pensar. Lo más importante, es que lo hizo acompañado por futbolistas mexicanos. En poco tiempo, Almeyda pasó por todos los estados de ánimo que dominan nuestro futbol. Fue el héroe del momento, el galán de las portadas, el técnico de moda, el villano señalado, el argentino de mierda, la víctima del sistema y el pastor que vuelve del valle con el rebaño a salvo. Del triunfalismo al melodrama, su breve carrera en México destaca por la esperanza que depositó en jugadores jóvenes, capaces y nacidos en nuestro país. No hay muchos entrenadores nacionales, de los que tanto cuestionan la llegada de extranjeros, que hayan defendido con entereza el talento que hay aquí. Con el paso del tiempo a Almeyda se le juzgará como a todos: una repisa, una vitrina y un número de títulos. Guadalajara los necesita como ninguno. Pero hay un juicio invisible y por lo tanto, difícil de cuantificar, que definirá mejor su trabajo: pase lo que pase en los próximos meses, las Chivas recordarán el significado de resistir. Desde su directiva hasta sus jugadores, la organización se ató del mástil que el entrenador detuvo. Con rumbo fijo a la Liguilla, el Guadalajara logra fiarse de un proyecto que superó momentos de excitación y depresión. Después de mucho tiempo, las Chivas pertenecen al entrenador.    

 

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