Cartas oceánicas

Marco Fabián llega tarde

No ha nacido en México otro futbolista con la clase de Benjamín Galindo. Ramón Ramírez se acercó: zurdo natural, más poderoso y con mayor recorrido. Pero Galindo era otra cosa. Un diez zurcido a mano, cabeza levantada, mirada periférica, brazos estirados, pies de equilibrista y cadera giratoria. Criado en Zacatecas, una tierra sin arraigo futbolero, parecía como si el viento lo hubiese traído de otro sitio, de otro tiempo. Galindo explica uno de los grandes misterios del futbol: los futbolistas nacen, no se hacen. Era tan diferente al resto que aún sería diferente hoy. Todos guardamos alguna jugada suya, efectivamente era un maestro. Yo recuerdo aquella en la que se paraba frente a la pelota y segundos antes de cobrar el tiro libre, cambiaba de perfil. No había en México, quizá en el continente, alguien que le pegará al balón igual. Entonces empezaba a verse mal que un crack de su categoría desperdiciara sus mejores años sin ir a Europa. Galindo no quiso hacer maletas, le faltaron ofertas o ambición, porque era el mejor de su generación. El recuerdo de Galindo nos obliga cada temporada a buscarle sustituto. El más parecido en los últimos años es Marco Fabián. Un talento indiscutible aunque alternativo. El mexicano con más clase de la Liga, en buen estado físico y psíquico, influye en el juego como pocos. Peleará el campeonato con Chivas, jugará Copa América con México y algunos empiezan a imaginar un traspaso en primera clase de Marco Fabián a Europa. A punto de cumplir 26 años es muy tarde. Con esa edad los futbolistas promedian 250 partidos en cualquiera de las grandes Ligas y competiciones europeas. Por más calidad que se tenga, la ventaja competitiva es insalvable. Otro caso de desarrollo tardío.  

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