Cartas oceánicas

Maldita Confederaciones

En un impecable ejercicio de liquidez, nunca de lucidez, el futbol mexicano planteó uno de sus pocos objetivos a largo plazo: hipotecó la Copa América del 2015 contra otra que se jugará en 2017. La Copa Confederaciones, el torneo más materialista de la era Blatter junto al Mundial de Clubes, exhibe sin modestia el alcance de miras en Femexfut, tiene visión periférica: de San Ángel al Ajusco. La fascinación que causa la Confederaciones se entiende en dos países: México y el anfitrión. Rusia, si el FBI lo permite. Pero no despierta mayor pasión que la Copa América en Sudamérica, y a los clubes europeos que ya ceden jugadores a dos pesadas eliminatorias y una Eurocopa, les estorba. A partir de ella UEFA exigió a FIFA pólizas de seguro contra lesión en competiciones de selección. La Copa que empezó como un capricho del Rey Fahd, terminó expropiada por FIFA. Fundada en 1992, regalaba camellos, incienso, oro, mirra y un Rolls Royce al mejor jugador. Exótica como todos los intentos del mundo árabe por encerrar al futbol en un alhajero, llenaba de dólares a sus invitados sin pasar por Zúrich. Blatter detectó un agujero en la caja y ahí quedó, organizada como un ensayo y empaquetada con los derechos de transmisión del Mundial. México tenía garantizado un pase casi vitalicio y la televisión, otro saco de partidos oficiales asociados a las palabras mágicas: Mundial de Futbol. Hasta que llegaron los Piratas del Caribe: Warner y Blazer lo complicaron todo. Desde entonces la Copa Oro es la garita del subdesarrollo. Ningún equipo ha sido recordado por ganar la Confederaciones, la Copa América ofrece historia al campeón de un gran continente, pero no es rentable y la selección mexicana, no está para perder el tiempo. 

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