Cartas oceánicas

El Lobo de Wall Street

De un plumazo, con tinta negra sobre papel membretado en Portland, Oregon, el Manchester United firma su mejor temporada en años. Venció en su partido más reñido al gigantesco equipo de ejecutivos de Nike. La mayor transnacional del noroeste de Estados Unidos. Cuando en los grandes clubes los jugadores no se fajan la camiseta en el campo, los directivos se la arremangan en la oficina. Entre contratos también se suda hasta el cansancio. Así trabaja una organización como el United, jugando el balón en Old Trafford y defendiéndolo en la bolsa contra el Lobo de Wall Street. Durante un año Joel y Avram Glazer (Rochester, Nueva York), los mayores accionistas del equipo, negociaron en silencio con Puma y Warrior la marca estadunidense que viste a Liverpool, un probable cambio de uniforme. El escudo del viejo trabuco inglés alineado a cualquier logotipo es el más cotizado en el mercado. De los 40 millones de dólares que Nike pagaba al club de Charlton por vestirlo de campaña, lograron llevarlo hasta los 100 millones anuales. Un incremento que sumado a los 79 millones que pagará Chevrolet a partir de 2015 convierte a la casaca del United en la tela más cara de la historia del deporte. Con perdón de David Faitelson, olvídense de sus Yanquis y el emblemático Ruth. El industrial cuadro de Manchester, una comunidad de trabajadores, alquiló su overol de obreros por 179 millones de dólares totales al año. De inmediato saltarán sus detractores, aficionados de redes sociales que todavía creen que el fútbol es un poema, un sueño gratuito. No. El Manchester United, como cualquier espectáculo que depende del público, necesita consumidores. Si eres fan del United, durante los próximos 10 años serás cliente de Nike. 

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