Cartas oceánicas

El León de Martínez, el Santos de Irarragorri

No hay manera de funcionar dentro del campo si al equipo no lo rodea una institución. Las instituciones en el futbol no son edificios, comités, ni despachos alfombrados. Institución es un lugar en el tiempo que no debe cambiar. La historia de un club nace cuando alrededor de una comunidad se crea la necesidad de trascender, obtener reconocimiento por una forma de interpretar el juego, ganar. Lograr identificación haciéndose de un nombre, pulir un escudo, coser una bandera y un uniforme. La forma de revisar las costuras a un club de futbol es verlo competir lejos de casa y allí, donde sea, deberá parecer el mismo. Los resultados de Santos en el Centenario contra Peñarol y de León en el Hernando Siles ante Bolívar, llevan más lejos el sentido de institución y futbol mexicano que cualquier otra cosa. Ambos equipos han tomado la Copa Libertadores de América con absoluto respeto institucional. Primero por el torneo y después, por ese lugar que creen merecer o al que piensan llegar en el tiempo. Ningún club profesional del mundo se fundó con el objetivo de ser el mejor equipo del barrio, no; las intenciones siempre apuntan a ser el mejor club de todos en cualquier torneo. Si esa idea no la hubiesen tenido los grandes clubes, United, Madrid, Juve, Barça, no podrían haber llegado tan lejos. Ese mismo espíritu aunque tardío y lejano, pero válido, es el que obliga a Martínez e Irarragorri a intentar ganar la Libertadores. Sin miedo a las distancias, al fracaso en Liga o cualquier pretexto material que a la necesaria internacionalización ponen nuestros clubes. La diferencia entre León y Santos con el resto de intentos por parecer grandes, es que primero son instituciones, después clubes y al final, equipos de futbol.  

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