Cartas oceánicas

Kenia

Al momento de escribir, Kenia seguía dominando el medallero de los Campeonatos Mundiales de Atletismo con absoluta naturalidad: seis medallas de oro, 11 totales. La naturaleza de los atletas kenianos es una de las grandes maravillas del deporte universal, y la universalidad de los Juegos Olímpicos, su principal promotor. En Kenia se puede escapar de la miseria corriendo; esta creencia ha estereotipado la enorme capacidad física de un país con 45 millones de habitantes asentado en tribus de gran riqueza espiritual. El dominio keniano en el atletismo supera a cualquiera de las superpotencias deportivas que todos los años invierten millones en desarrollo, estructura, medicina, giras, becas y entrenadores. No hay quien pueda con ellos porque su especialidad, una condición tan humana como utilizar las piernas, la cabeza y el corazón, va más allá de una competencia deportiva. Los científicos, que atribuyen su éxito a factores genéticos, dietéticos y psicológicos, imposibles de imitar, intentan explicar el milagro de las pruebas de fondo y medio fondo en los últimos sesenta años. El impulso keniano alcanza 86 medallas olímpicas y 88 en Campeonatos Mundiales. Su porcentaje de títulos en pruebas de resistencia es todavía más abrumador que el de Jamaica en pruebas de velocidad. Pero no todo es correr, en Pekín, Kenia consiguió uno de los triunfos más espectaculares de su historia con un lanzador de jabalina. Julius Yego, que confesó haber aprendido la técnica mirando videos en YouTube del mítico Jan Zelezny (98.48 metros), logró con 92.72 el oro y la tercer mejor marca de todos los tiempos. Yego era el único atleta de toda la delegación keniana que no corría: otro milagro para la ciencia.

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