Cartas oceánicas

Justicia para Luis Suárez

No hubo clemencia con Luis Suárez, pero hubo sentido común, un sentido que no suele abundar entre los insensibles organismos que regulan el deporte. Al uruguayo le mantienen la sanción, no podrá jugar los próximos ocho partidos con su selección nacional, ni con su club hasta el 26 de octubre, fecha en la que se cumplen los cuatro meses de suspensión en toda competición. A cambio puede entrenarse y asistir, como futbolista, a recintos deportivos. Se le permite ejercer su profesión. Ahí radicaba la injusticia con Suárez. Impedirle el contacto con el balón y lo que le rodea era inhumano. Una ilegalidad en toda regla que FIFA dictaminó y pretendía mantener hasta sus últimas consecuencias, pero que los tribunales deportivos levantaron. Se tardaron los defensores de Suárez en impedir este arrebato, al uruguayo prácticamente se le había expulsado no solo del Mundial, sino de Brasil. Durante semanas la figura de Suárez fue la de un convicto. Un presidiario para quien incluso su última víctima pidió misericordia reiteradamente. Suárez, el último Bota de Oro, puede tocar un balón a partir de hoy. Utilizar sus pies. Uniformarse de futbolista. Aparecerá públicamente cuando León visite el Camp Nou y aunque de acuerdo al TAS podría jugar al ser un amistoso, el Barça no desafiará a FIFA alineándolo. Sobre el Barça pesa todavía una revisión por el caso de los canteranos fuera de normativa. En total Suárez se perderá ocho partidos de Liga y los tres primeros de Champions con el Barça. Para algunos el castigo sigue siendo muy severo, discutible en el ámbito deportivo. Lo impostergable era su derecho a ser uno de los mejores delanteros del mundo. Eso FIFA también se lo había prohibido tratándolo como un criminal en el ámbito civil.  

 

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