Cartas oceánicas

Cruyff no cambió el futbol, cambió al futbolista

Dueño de una personalidad indomable, Johan Cruyff vivió como uno de los grandes rebeldes del deporte: se rebeló contra rivales, entrenadores, patrocinadores, directivos, instituciones y sistemas, hasta demostrar que el futbol, tal y como él lo entendía, podía jugarse y organizarse mejor.

Como futbolista llevó a toda una generación de aficionados a descubrir un juego que llevaba casi un siglo atrapado en el mismo sitio. Cruyff, dirigido por Rinus Michels, liberó al futbol enseñándole la tierra prometida: a partir de estos hombres el juego ocupó todos los espacios de la cancha.

No había forma de vencer a la Naranja Mecánica sin correr y manejar la pelota en cada zona del campo. Aquella Holanda de Cruyff no pudo ganar un Mundial de futbol y sin embargo, cambió para siempre el mundo del futbol.

Como entrenador fue más allá. Inventó posiciones, modificó leyes, defendió ideales, fundó una civilización y parió una nueva raza de jugadores. Los hombres de Cruyff pensaban: jugaban tan bien con el balón que sin él. Su Barça era un movimiento constante, porque cuando un equipo se mueve, piensa, y por lo tanto, evoluciona.

Así que al sentido rebelde que lo definió como futbolista, Cruyff agregó el significado de la evolución. Se responsabilizó del futuro del futbol. Como hombre de cantera, insistió todos los días de su vida en la importancia de la formación deportiva y personal.

Su legado trasciende el campo de juego, apenas una consecuencia de las estructuras deportivas que creó, los títulos que ganó y el estilo que desarrolló. El verdadero legado de Cruyff está en la vocación del futbolista: antes de Cruyff los jugadores eran hombres con grandes habilidades, a partir de él, fueron hombres con grandes ideales.

josefgq@gmail.com