Cartas oceánicas

James y Kroos a balón parado

La última Champions, religiosamente llamada la “Décima”, fue una ampliación de crédito para el millonario modelo de Real Madrid al que se le estaban agotando los recursos. Nadie salió más fortalecido de aquellas noches contra Bayern y Atlético que su presidente. Florentino Pérez volvió abrir la caja fuerte y salió al mercado. Comprador compulsivo, hábil negociador con los símbolos del madridismo y un preciso dominador de los tiempos, consigue que las estrellas lleguen a su equipo en el mejor momento y a cualquier precio. Multiplicando el efecto. En plena Copa del Mundo, los nombres de Kroos, James y Keylor Navas, ya se asociaban con el de Real Madrid, que se está llevando uno de los mejores paquetes de Brasil 2014 y buena parte de la comunicación post Mundial. El poder económico de este Club puede ser chocante, pero es efectivo. Ningún directivo ha sacado tanto provecho a tan pocos títulos como Pérez. Del Madrid se habla en todos lados, su marca da tres vueltas a la tierra en diferentes husos horarios y las expectativas que genera, positivas o negativas, mantienen en constante alerta a fanáticos o detractores. El ruido que levanta es proporcional a sus triunfos o fracasos. Es sonoro, un altavoz escandaloso, por el que los patrocinadores pagan mucho. Florentino lo hizo de nuevo, es su trabajo. Tiene al Madrid en primera línea de salida en las casas de apuestas, en las portadas de todos los diarios, en las notas de cada noticiero y como trending topic en todas las redes sociales a tan solo unos días de terminar el Mundial más seguido de la historia. El trabajo ahora es de Ancelotti. Kroos y Rodríguez, fantásticos futbolistas, llegan a un cuadro que ganó la Champions con tres contragolpes y un balón parado.

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