Cartas oceánicas

"Is this heaven? No, it’s Iowa"

Ray Kinsella, granjero de Levi’s, tirantes, camisa a cuadros, Converse blancos y Chevrolet Pick-Up de media tonelada, decide segar una hectárea de milpa para sembrar un diamante de beisbol. Kevin Costner, caracterizando un campesino “pop”, protagoniza la adaptación hollywoodense a la novela de William Patrick Kinsella, quien se autorretrata en el personaje del granjero. El Campo de los Sueños, dirigida por Phil Alden Robinson, carameliza el deporte profesional explotando la nostalgia del aficionado por el juego original; sin germen financiero. Al campo que levanta Kinsella llegan jugadores muertos encantados por el altruismo del lugar. Fugitivos de una época en la que el beisbol se entrega a la cruda dinámica del profesionalismo. La historia nos conduce a la Serie Mundial del diecinueve a través del testimonio, real, de Joe Pies Descalzos Jackson. Un solemne jardinero izquierdo al que Ruht aprendió la técnica del “hiteador”. Excomulgado por la Liga junto a siete Medias Blancas de Chicago por vender la serie contra Cincinnati, Jackson es condenado a vivir como Media Negra mirando el juego fuera de la sagrada cal que traza una línea entre civiles y peloteros. El mote lo mata. Muere conscripto. Cada año miro esta película. Conmueve su fotografía que deja sentir la hierba, olfatear la piel del guante y escuchar el canto de la madera contra la pelota; pero sobre todo, me ubica. Una terapia contra la desilusión porque Kinsella, como nosotros, es otro aficionado que no puede pisar el campo que pertenece al deportista. Cuando el fantasma de Jackson en el maizal pregunta: Is this heaven? el granjero contesta: no, it’s Iowa. Ojalá el futbolista, terrenal, entienda que solo jugar, ese tiempo vital, lo vuelve inmortal.

josefgq@gmail.com