Cartas oceánicas

Iniesta y la niña

Termina el partido (1-0) en Los Cármenes de Granada, campo pequeño y pasajero para el funeral de un gigante histórico. El Barça acaba de entregar la época y por los síntomas, empezarán a desguazarlo. El momento es duro, probablemente el más lánguido de sus últimos años. Los jugadores caminan al vestuario en penumbra, incluso Messi es sombra. Ricardo Sierra, periodista a pie de campo en Canal Plus empuña el micrófono, espera en la banda que llegue el primer fantasma y pide a Andrés Iniesta la entrevista. Accede. Está frustrado, derrotado. Suda y se rasca la cabeza con nervio, con preocupación. Pero se detiene. En la última campaña ha encanecido. Cada día tiene menos pelo, se le ve tenso. Queda claro que este año sufrió mucho jugando al futbol. Sierra hace la primera pregunta: “quinta derrota en Liga, una Liga que se pone muy complicada Andrés...” Iniesta busca respuesta en los lugares comunes y atina a decir que es un paso atrás, insiste, un paso atrás. La entrevista sigue con solemnidad cuando una niña, 9 años tendría, salta al campo y evitando los controles de seguridad, logra llegar hasta Iniesta abrazándose con fuerza a su cintura. Iniesta le dice algo. Apenas puede con ella, con los guardias, con la derrota y con la entrevista. Sin embargo aguanta el tipo. En ese momento ejerce de ídolo, capitán, vocero, club y futbolista. Cumple su trabajo. Ante la incomodidad del personaje, Sierra, muy educado, apunta: te dejamos tranquilo Andrés. Pero Iniesta hace un cariño a la niña, se asegura que con suavidad los guardias la retiren y pide continuar la entrevista. El Barça parece acabado, sí, pero mientras tenga jugadores que entiendan su profesión con la integridad de Iniesta, nada tiene qué temer.

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