Cartas oceánicas

Indomable y serena

Una sombra se apoderó de la encantadora rusa Vitalia Diatchenko, que en veintisiete minutos, abandonó el partido: 6-0/2-0. Por la pista del Arthur Ashe, había pasado serena y sin desmelenarse, la deportista más dominante de la tierra: exuberante fiera. A punto de cumplir treinta y cuatro años, la huracanada Serena Williams arremete contra una de esas marcas que parecen ficticias. La última persona en ganar los cuatro Grand Slam del tenis la misma temporada, fue Steffi Graf. En 1988 además, Graf, ganó el oro olímpico en Seúl. Algo que Willams igualará si gana el US Open y acude a Río 2016. Aquel Grand Slam dorado, como se denominó al de Graf, es una de las grandes proezas en la historia de éste y cualquier deporte. Representó la excelencia. Su época, posterior a la belleza de Chris Evert, rival de la fibrosa Navratilova, recogió las audiencias que la televisión exigía enfrentándola a Gabriela Sabatini: una de las primeras diosas del deporte y las pasarelas. La alemana que venció a la argentina, soportó a la serbia Mónica Seles y después, contempló desde su retiro estrellas fugaces que coqueteaban con la moda mirando de soslayo la competencia: Martina Hingis, Jennifer Capriati, Kim Clijsters, Amelie Mauresmo, Mary Pierce, Anna Kournikova, Lindsay Davenport, Justine Henin o María Sharapova. Serena, es la única y quizá la última, capaz de convertir a Graf en figura de cera. Williams, que hoy debe arrasar con la holandesa Bertens en la segunda ronda del US Open, ha ganado 21 títulos de Grand Slam. Está a dos superar a la histórica Graf (22), y a cuatro de la prehistórica australiana Margaret Court (24). Los próximos tiempos en la carrera de la indomable Serena, serán una de las épocas más bellas del tenis mundial.   

 

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