Cartas oceánicas

Índice de crecimiento europeo

Todo México quiere un buen Mundial, pero al margen del orgullo, no todos nos ponemos de acuerdo para qué nos servirá. Ante el deseo, es necesario alertar las consecuencias del éxito. Aun sin alcanzar el famoso quinto partido, México ha logrado despertar el interés “post-Mundial” de los mercados europeos. Sería bueno que el futbol mexicano se pusiera de acuerdo si esto es malo o bueno. Porque el último proceso que se cierra contra Israel, tuvo como estigma al “europeo”. Quedó claro que mientras más mexicanos jueguen en Ligas de excelencia, la selección y su complicada agenda sea quien más lo resienta. Terminaron al borde del exilio. Visto y comprobado, el juicio del Azteca fue sumario. El traslado del “europeo” en pleno campeonato para jugar en el DF, Phoenix, Pasadena o Chicago, pesa. Es incómodo para el jugador y más incómodo para el equipo que lo contrató. Aquí es donde empieza la triste confusión, porque la consecuencia inmediata del buen Mundial, es la venta de 4 o 5 futbolistas por varios millones a equipos que compiten en la Champions o la Europa League. Hablamos de los 30 mejores equipos del mundo, y ese tipo de equipos, necesitan a los jugadores a tope y todo el año. El célebre caso Vela trata de esto. Ningún futbolista que tenga que cruzarse 6 veces el Atlántico en una temporada será tomado en cuenta por su club. Perderá el puesto al primer tirón y frente al primer canterano que lo sustituya. Ojalá sean varios los mexicanos que al terminar Brasil 2014 se sumen a los que siguen en Europa, si es así, puede decirse que México tuvo éxito. Hay quien envuelto en la bandera se niega a verlo, pero la exportación de jugadores al territorio UEFA es el principal índice para medir el crecimiento. 

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