Cartas oceánicas

Holanda ganó el juego en los setentas

Cuatro años es mucho tiempo para descubrir qué hay tras las fronteras de octavos. No deberíamos esperar tanto porque en realidad, el quinto partido, como han llamado a esta condena, debe jugarse a diario. Es en el futbol mexicano de cada semana, en los torneos de clubes por América, en su magnífico trabajo con selecciones menores y en el sano entendimiento con cada vez, más jugadores que viven en Liga europeas, donde está el camino. La selección nacional no puede volver a ser hipotecada a un resultado, a un objetivo comercial. México demostró en Brasil 2014 que jugando cara a cara es competitivo contra cualquiera. Pero le faltan los pilares de la tierra. Esos que sostuvieron a Alemania, Argentina 2 veces, incluso a Estados Unidos y ahora a Holanda. México se pierde cuando necesita recurrir a la historia, porque entre otras cosas, no ha podido sujetarse a una escuela, una tendencia que ampare partidos memorables. La selección mexicana vive de momentos, pero necesita vivir del tiempo. Y el tiempo en el futbol mexicano es un bien escaso. Holanda dio al mundo, no solo a México, una buena lección de identidad. Sometida y exhibida durante un largo tramo de octavos, pudo remontar su esperpéntico partido porque en el fondo, se sabe dominadora de un estilo. Holanda patentó hace décadas, una mecánica de juego. Y fue con escasas muestras de ese futbol setentero, como derrotó a México. Que dudó entre lo que estaba siendo, un cuadro valiente y agresivo, y lo que quería lograr, un quinto partido en el Mundial. Lo primero que debe hacer esta mañana México es preguntarse quién quiere ser en el mundo del futbol y no, qué quiere ganar. Eso lo sabemos todos: un quinto partido. Lo otro, la identidad, es más difícil de alcanzar.   

 

josefgq@gmail.com