Cartas oceánicas

Héctor Herrera y Real Madrid

Sobre el final de campaña el Real Madrid de Ancelotti, que con el tiempo ha ido esbozando un —por ahora—, aspirante a equipo de época, alineaba entre sus figuras de platino un mediocampista de fibra de carbono. Por aquellos días si al medio campo del Madrid le fallaba Xabi Alonso el Bernabéu era una ruina. Así que el italiano poco apegado a las rotaciones pero presto en soluciones, encontró en Casimiro, rebautizado por el madridismo como “Casemiro”, al centrocampista de emergencia. El brasileño jugó 25 partidos entre Liga, Copa y Champions durante la famosa temporada de la décima. Su juego nunca fue una pieza de ingeniería, casi siempre era utilizado como refacción. Pero se ganó el respeto de esa parte del futbol que considera necesarios a los futbolistas que juegan mejor sin balón que con balón. Casemiro nunca rompió nada, tampoco levantaba suspiros. Real Madrid ganó la Champions, no le hizo un homenaje y lo cedió al Porto porque en camino venían Kroos y James.

Frente a ese panorama no había quien jugara. En el Porto encontró un buen lugar para hacerse de un puesto y un nombre, apenas falla. Es la bujía del equipo. El tipo que barre el centro del campo como un pequeño soldado en maniobras. Zum, zum… Casemiro para acá y Casemiro para allá. Es incombustible. Qué bien juega Casemiro, dicen algunos, cuando en realidad lo que no deja es jugar.

Ahora que el mercado se mueve el Real Madrid voltea a mirar su pequeño motorcito que parece un futbolista descomunal. No hay mal que por bien no venga. Si el Madrid fija la mirada en Casemiro no tardará en descubrir que el verdadero dueño del centro del campo en el Porto no es su brasileño, sino el mexicano. Mucho mejor Héctor Herrera para este Madrid que el tal Casemiro. 

 

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