Cartas oceánicas

Guerra Santa

Al terminar el partido el templo se derrumbó y con el campo humeante todavía, aparecieron pequeñas capillas. Juanfran a hombros de Miranda abrazándose a Courtois, Gabi de rodillas. Koke manos al cielo junto a Godín, una sola, como la Virgen de los Treinta y Tres y Turan, sobre la banda, rumbo a la Meca. Los jugadores, hermanos de sudor y adorándose como equipo, iban levantando milagros en toda la cancha hasta llegar a Simeone. Fue cuando alrededor del técnico se reconstruye una vieja Catedral y el futbol presencia el regreso de la fe. El triunfo del Atlético de Madrid, por justo y jornalero, es un adhesivo para todos los equipos que sometidos a las leyes del mercado, miran pasar sus futbolistas como estrellas fugaces ante la compraventa. El juego de Simeone, reivindicativo en tierra de colosos, cae del lado emocional. Fue caudillo y en un acto simbólico, entierra al decadente Barça a orillas del Camp Nou. De peregrinación a Lisboa, ultima frontera del nuevo Hércules, el Atlético recuerda a aquel Inter de Mourinho en 2010 que a semanas del Mundial, se convirtió en estilo dominante, aunque perecedero. A 24 días de Brasil, triunfa de nuevo el futbol de las tácticas de “garra”. Con impecables organizaciones entre líneas. Luchas colectivas. Atacantes solidarios en defensa propia. Brazaletes de capitán bien apretados y un discurso al interior del vestuario, que por fundamentalista, termina convenciendo al jugador de dar su vida al compañero. A pesar del triunfo de Mourinho en 2010, España ganó el Mundial porque detrás suyo existía una civilización. En 2014 con el Barça sepultado por el Atlético y el exquisito Bayern de Guardiola prisionero de Real Madrid, no quedan apóstoles del balón, se avecina otra guerra santa.   

 

josefgq@gmail.com