Cartas oceánicas

Gignac: Tigre de la Galia

Hace tiempo se pensaba que el futbol francés tenía características ambientales perfectas para que el jugador mexicano triunfara en Europa. Son mediados de los ochenta, la Premier no existe, en Inglaterra hay campos pantanosos con tribunas en permanente estado de sitio. En Italia como en el resto, el campeonato permite tres extranjeros por equipo y allí, solo contratan figuras: de Maradona para abajo. La Bundesliga vive una etapa glacial, Holanda forma jugadores y en España, donde Hugo triunfa en solitario, reparten mucha leña. Al terminar México 86 se da el primer éxodo de futbolistas mexicanos a Europa, en concreto a España: Aguirre llega al Osasuna y en la fecha 11 le rompen una pierna. Luis Flores va al Sporting de Gijón y después al Valencia. Negrete al Sporting de Lisboa y después al de Gijón. Wendy Mendizábal al Rayo Vallecano y al poco tiempo, Abuelo Cruz al Logroñés y Chepo de la Torre al Oviedo. Todos regresan al segundo año. Se decía que el futbolista mexicano era frágil. Que tenía clase, pero no metía la pierna. Que lloraba por las noches. Que necesitaba una Liga menos brusca para empezar y en Francia, no había presión. Se pegaba poco, se pagaba menos, pero se jugaba mucho. Un campeonato ligero porque los franceses en general, preferían el rugby. Entonces triunfaban el Girondin de Burdeos con Giresse, Tigana, Trésor, Battiston y Lacombe, dirigidos por Aimé Jacquet. El Mónaco de Genghini, Amorós y Bellone, y el PSG de Joel Bats, Luis Fernández y Rocheteau. Era una Liga dichosa. Lo fue también para Márquez que de allí fue al Barça, pero los futbolistas mexicanos la consideran poco. Gignac lo hizo al revés y eligió bien. Si México no voltea al futbol francés, Francia volteará al futbol mexicano.  

 

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