Cartas oceánicas

Gerardo Torrado: el corredor

La carrera de Gerardo Torrado es un ejemplo de perseverancia: pocos futbolistas con tan pocas cualidades técnicas, han logrado mantenerse tan vigentes durante tanto tiempo. Criado en Pumas, debutó en Primera División con suficientes muestras de temperamento, para empacar el cuerpo de un adolescente en la camiseta de un gran profesional. Si algo bueno tenía Torrado, era empaque. Una virtud difícil de encontrar en los talentosos futbolistas mexicanos a quienes falta voluntad. Esa tenacidad característica de un jugador que conoce sus limitaciones, le llevó a deshacerse de prejuicios, leyes absurdas de mercado y reglamentos que definen al futbolista como propiedad privada de un club. Torrado, bien asesorado por su familia, marcó un precedente en la historia del futbol mexicano: empacó sus cosas, abordó un avión y buscó equipo en Europa. La única escapatoria que tuvo para evitar que el sistema decidiera su carrera, fue poner en juego su destino. Durante años se habló del “Caso Torrado” como una falta de respeto a los principios que rigen nuestro caballeroso futbol. La FIFA intervino, el futbolista continuó su lucha y los clubes españoles confiaron en su empeño. Torrado que escapó por Tenerife, arriesgó fichando por un equipo arrumbado como el Polideportivo Ejido, consiguió su libertad provisional, depositó un aval personal y llegó al Sevilla de Primera División, para terminar su trayectoria europea con el Racing de Santander. Cuando decide volver a México, le recuerdan la existencia de un pacto sin escribir entre clubes, llamado de “caballeros”. Torrado había logrado vencerlo por escrito. Hoy que da un paso hacia el retiro, su camino debe recordarse por lo que corrió fuera del campo, para seguir corriendo dentro.  

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