Cartas oceánicas

La Federación enfrascada

A lo largo del día la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), elegirá en Pekín, un nuevo presidente. El británico Sebastian Coe o el ucraniano Sergei Bubka, de impecables trayectorias en pista y campo, sustituirán al senegalés Lamine Diack, otro perverso dirigente del siglo pasado que logró perpetuarse en altos cargos deportivos al estilo de los dictadores del tercer mundo. Diack, cumple dieciséis años encadenado en la misma silla administrando el emporio que dejó el italiano Primo Nebiolo: el hombre que vendió el atletismo al profesionalismo. La herencia que dejó Nebiolo, la de las grandes bolsas y los grandes premios que erradicaron todos los valores del amateurismo, tiene enfrascado este deporte en laboratorios de dopaje. Del atletismo, depende buena parte del programa olímpico, por lo tanto, la transparencia, legalidad y honorabilidad con la que se manejen sus disciplinas y asociados, afectan en forma directa al movimiento. Fundada en 1912, se trata de la Asociación deportiva más emblemática e influyente del mundo junto a la antigua FIFA. Agrupa 214 federaciones nacionales que en realidad, son el corazón de los Juegos Olímpicos. Hasta ayer, Coe contaba con el apoyo explícito de gran número de votantes. Su proyecto establece tres puntos clave: una reforma del calendario atlético, una agencia antidopaje independiente y una estructura comercial que garantice solvencia al desarrollo de los atletas. Lo que suceda hoy con las elecciones para presidente en la Federación Internacional de Atletismo, nos dará pistas de hacia dónde deben caminar los grandes organismos mundiales. Basta de tiranos, trampas, corrupción y dirigentes que han acabado con las pocas alegrías de la humanidad: sus deportes.

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