Cartas oceánicas

Faitelson, Pacquiao y Mayweather

¡Vendó sus manos, ajustó guantes, le amarraron cordones y se quedó solo. El boxeador sigue siendo, a pesar del gran circo, un deportista solitario. Combatir a golpes sobre un ring, es el único estado del hombre legalmente aceptado como violento. Tanto así que una pelea garantiza millones en permisos, impuestos y derechos, dentro del control remoto de cualquier hogar. Mayweather y Pacquiao, los últimos herederos de un pleito capaz de sacar lo mejor y peor del ser humano, representan una civilización en decadencia. Cuando menos violencia necesita el mundo, más venden los Pago Por Evento del boxeo. El de mañana rompe registros. No por ser el mejor del siglo, que van varios, sino por ser el último. Ningún peleador llega en forma. Su mejor momento pasó hace años. Pero en plenitud, no habrían vendido tanto. ¿Qué es el boxeo de nuestros días sino una curva de demanda? Veteranos, golpeados y millonarios, no necesitan el combate. El dinero, a pesar de sus bolsas, es para otros. Y en esa transacción se pierde el espíritu de la competencia más antigua: sobrevivir. Aprendí de boxeo escuchando a David Faitelson. Un humanista de la profesión que nos familiariza en cada reportaje. En los años que tengo de aprendiz siguiendo la carrera periodística de David, siempre noté en su afición al boxeo una contradicción humana: no soporta el hecho de narrar la brutal imagen de dos hombres peleando, pero entiende que esa lucha, es una constante en la vida que el boxeo retrata con la verdad de ningún otro deporte. Sin intermediarios. Mañana hay tres protagonistas en la transmisión: Mayweather, Pacquiao y David. El periodista que demostró a la tv abierta la importancia social del boxeo, que Televisa y Tv Azteca, aprovecharon como moda.  

 

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