Cartas oceánicas

Fácil...

Balón parado, centro a la olla, contragolpe, algún rebote, un cabezazo; Nueva Zelanda tendrá al menos una oportunidad de marcar en el Azteca. Todos los partidos de futbol, aun esos donde no se tiene la pelota generan por sí solos situaciones de gol. Evitar el gol de visitante como mínimo, es la primera obligación en repechaje. Después, administrar las etapas del juego. Los primeros 20 minutos son para marcar territorio, las dimensiones del Azteca deben reducirse al área de Nueva Zelanda, hacerles el campo pequeño, sin prisa pero con rabia, meter al rival en su cancha, perder el balón lo menos posible, recuperarlo de inmediato y siempre por delante de la línea de medio campo, jugando así, con esa intensidad, tendría que caer un gol, o dos, y entonces los siguientes 15 minutos serán para recuperar. Aquí es cuando el Azteca se vuelve inmenso, ahora hay que hacer grantde el campo, circular el balón de un lado al otro, dejar que corra el rival, desgastarlo y volver a apretarlo durante los últimos 10. Nueva Zelanda deberá llegar fundido al vestidor. Respirará, ajustará nuevamente su defensa y saldrá para buscar lo mismo: otra vez un balón parado, centros a la olla, contragolpe, algún rebote, un cabezazo, no tiene más, pero sabe que a todo rival pequeño siempre le llega una jugada perdida de gol. Si la aprovecha será casi siempre, por error de México. Un gol es lo único que necesita Nueva Zelanda para mantener vivo el repechaje. Volver a Wellington bajo cero será mortal para ellos. Si el segundo tiempo es una calca del primero las oportunidades de gol se multiplicarán y para el minuto 70, México debería tener el partido definido y probablemente la eliminatoria. Se dice fácil, en realidad lo era.

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