Cartas oceánicas

Éxodo y refugio

Desde hace años los grandes organismos del futbol mundial encabezan una intensa campaña contra el racismo. FIFA y UEFA, de acuerdo a sus intereses, se alinearon con una postura conveniente. Al futbol se le exigió un compromiso social más allá del entretenimiento que produce, y sus instituciones, eligieron esa lucha. Un deporte que se nutre de aficionados y jugadores por todo el mundo, no podía alejarse de cualquier iniciativa que promoviera igualdad. Se crearon comisiones de vigilancia en cada Liga, se lanzaron mensajes en todos los campos y se unificaron discursos en los principales eventos: Champions League y Copas Mundiales. Demagogia al margen, la campaña causó cierta conciencia en el público y alertó a los europeos sobre el crecimiento de grupos identificados con ideologías ultranacionalistas alrededor de sus clubes. Haya sido por la necesidad de mantener sana la imagen del negocio, o porque aún conserva un perfil humanitario, el viejo futbol se volvió un lugar más civilizado. Frente a la grave crisis migratoria agudizada en Europa las últimas semanas, cabe señalar, que ningún deporte en la historia ha estado tan marcado por el éxodo como el futbol: un deporte hecho por inmigrantes. Messi, aquel niño adoptado por el Barça, es un ejemplo reciente. Los grandes equipos europeos a lo largo del tiempo, incluso algunas selecciones, han formado parte de los procesos migratorios. Comprando y vendiendo jugadores, concediendo nacionalidades, haciendo giras, buscando talento, reclutando aficionados y refugiando futbolistas de todos los países bajo el mismo uniforme, es como el futbol se volvió un deporte global. Hoy, tiene la oportunidad de identificarse con otro de los grandes problemas sociales de su época.