Cartas oceánicas

Equipos grandes en semifinales

Cruz Azul, que ganaba 2-0 en casa tras otra temporada bien trabajada, al final no sabe competir. Lo mismo sucede al América, que llegó con ventaja similar al juego de vuelta y prefirió dejar correr el tiempo. Santos y León en cambio, a los que el medio mexicano reprochó su apuesta por el único título valioso del continente, la Libertadores, siguieron compitiendo. Jugar dos torneos en paralelo, aunque no se ganen, produce en los jugadores instinto de competencia y el instinto a la larga, se vuelve cultura deportiva. La reacción de Santos y León, hambrienta, es lo que esperamos de un equipo grande en situaciones adversas. Perder una ventaja como la que tenían Cruz Azul y América, con la cantidad de posibilidades favorables que en esos momentos les ofrecían partidos frente a dos rivales exhaustos, no es consecuencia de un sistema de competencia que como cualquier eliminatoria en el mundo, funciona con la especulación. Ambos fueron eliminados porque no tuvieron instinto competitivo, son dos equipos que con los años han dilapidado su cultura. Eso que el futbol entiende por grandeza. La oportuna lección que Santos y León están dando al llegar a semifinales tras recorrerse el continente, tampoco es culpa de nuestra Liguilla y su reglamento. Son dos instituciones que al principio de campaña eligieron sin importar las burlas el camino más difícil. Llenaron de kilómetros, minutos y golpes a sus futbolistas. Los curtieron. El crecimiento de un equipo depende del sacrificio que directivos, técnicos y futbolistas estén dispuestos a hacer por fundar una cultura. Santos y León naufragaron en Libertadores, puede que no ganen la Liga, pero son los únicos que se están comportando como equipos grandes. 

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