Cartas oceánicas

Domadores

Como cada temporada toca escribirle a nuestros Pumas, y toca escribir hoy porque tampoco necesitamos 10 jornadas para saber si la última versión del Club Universidad funcionará. Ya lo compartió Roberto Velázquez Bolio en su Facebook: “Estoy Pensando que los Pumas no levantan... No juegan a nada”. Me sumo al pensamiento de Roberto, y subrayo: a nada. Será otra campaña larga para la afición si América continúa arriba, Chivas despierta y Cruz Azul se reincorpora a la historia. Pumas es un equipo lleno de buenas intenciones, más aún, lleno de buenas personas. Nadie al interior del club pretende hundirlo ni busca el interés particular, pero con todo respeto falta malicia en Pumas, entendiendo por ello el colmillo y el temperamento que perdió la institución para mandar. Hoy a Pumas se le respeta por lo que en principio cree representar: La Universidad Nacional, pero la verdad es que como organización deportiva cada vez se le respeta menos, peor aún, ya no pesa en el futbol mexicano, ni dentro ni fuera del campo. Y no es que antiguamente Pumas fuera un equipo rudo, pero tenía carácter, imponía condiciones en sus juveniles, entrenadores, futbolistas, extranjeros, aficionados, televisora, federación y hasta en selección nacional. Era un club influyente, que significa seguido, admirado y referente. No será José Luis Trejo el primero ni el único culpable, su modelo de técnico sabio funciona con los más pequeños de la cantera, pero el primer equipo como el motor que jala la institución necesita gente de vanguardia, que asuma riesgos y sea de casa. No lo hay, si existiera estaría allí. El gran déficit de Pumas no está en la producción de jugadores, nuevos entrenadores, domadores, es lo que ha dejado de producir.   

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