Cartas oceánicas

Desterrados

Jugar en Europa seguirá siendo lo mejor que puede pasarle a cualquier futbolista. A pesar del desprecio que selección y afición les han demostrado, no lo duden, nuestros mejores jugadores son los que compiten en Ligas europeas. Hay una lógica para entender la aberración en que se está convirtiendo este destierro a los “europeos”: la escasa evolución del entrenador mexicano es dramática. Cualquiera de ellos se encuentra lejos de marcar una tendencia o influir positivamente en el desarrollo del futbolista mexicano. Es obvio que cuando los “europeos” vuelven al vestuario de México comparen los discursos tácticos, recursos o ideas de sus entrenadores en clubes con los de selección y comprueben que no les aportan nada nuevo, al contrario, terminan confundidos y enfrentados. El futbolista “europeo” se ha ido por encima de todos los técnicos mexicanos, es normal, tanto Hernández como Vela, Dos Santos y el que sea, han crecido y aprendido bajo las órdenes de entrenadores que entienden y aprovechan su futbol mucho mejor que los nuestros. Les enseñan. Si decíamos que el jugador mexicano era cómodo y casero, de los técnicos hoy debemos decir que son el eslabón más débil en la cadena evolutiva del fútbol mexicano. Los formatos de trabajo, preparación de partidos, estudio científico de rivales, necesidad de jugar tres veces por semana, la riqueza de planteles y nacionalidades, la competencia internacional constante, el roce con equipos grandes, la cercanía con tantas Ligas y culturas y sobre todo, la ambición por llegar a torneos continentales cada temporada, hacen de los entrenadores que trabajan en Europa verdaderos artesanos del fútbol. En México sufren por jugar algo más que una Liga donde se conocen todos de memoria.