Cartas oceánicas

Densidad y representatividad

No es lo mismo jugarse la temporada a dos partidos, que jugársela a un clásico. En la Liguilla coinciden equipos de poderosa convocatoria, y otros que impiden a la afición por los “grandes” atravesar el norte. Rayados y Tigres son la última frontera del futbol mexicano; Guadalajara y América no pasan de Monterrey. Detalle que convierte a los estadios norteños en fortalezas independientes. Mal llamadas plazas regionales, han sido fundamentales para que la Liga Mx cobre dimensión nacional. Ningún campeonato puede considerarse importante si sus tablas no enumeran caudillos del interior. El famoso centralismo del futbol mexicano entre América, Cruz Azul y Pumas, más un histórico criado en Jalisco como Chivas, concentra el 70% de la afición mexicana. No hay nada extraño en ello, lo mismo sucede en las grandes Ligas, incluyendo la brasileña y argentina, donde un puñado de clubes dominan las preferencias. Lo curioso de nuestro futbol es que en aquellas ciudades donde hay equipos de Primera División, suele haber más aficionados al Guadalajara, América, Cruz Azul y Pumas, que asistentes en sus estadios. Esto nunca sucederá en Monterrey, lo que explica ese fenómeno que lleva años llenando cada fin de semana el Universitario, el reluciente BBVA Bancomer o el viejo Tecnológico. Hay clubes que no logran convertirse en patrimonio de sus capitales y estados. Entretienen ciudadanos a través del tiempo, pero apenas forman parte de su cultura. El futbol mexicano es cuestión de densidad de población, no de afición. Por eso el caso de Tigres y Rayados es tan valioso, son una verdadera prueba de representatividad: sus seguidores sienten la misma pasión por la ciudad donde nacieron, que por los equipos que la uniformaron.  

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