Cartas oceánicas

Curso de inglés

El domingo se decide la Premier, que invadida por oligarcas rusos, petroleros árabes y banqueros estadunidenses, sigue puliendo sus escudos de armas. Aunque fue rescatada por capitales extranjeros, ningún millonario habría puesto plata en una Liga que no garantizara retorno. Si algo tiene la Premier son marcas. Cada equipo significa algo. Huelen, saben, se oyen y enamoran. El futbol inglés es una experiencia emocional y sensorial. Pura sensualidad para patrocinadores y capitalistas. La libra esterlina, independiente al euro, supo venderse. Utilizó a sus clubes más atractivos para seducir capitales al mercado imperial. La Reina no vendió Buckingham, pero a cambio alquiló súbditos: 54 millones de fanáticos divididos en tribus uniformadas para colonizar la tierra. Así, el United pertenece a Malcolm Glazer (EU), el Arsenal a Stan Kroenke (EU) y Alisher Usmanov (RUS). El Aston Vila es de Randy Lerner (EU), el Chelsea de Abramovich (RUS), el Liverpool de John W. Henry (EU) y el City de Mansour Bin Zayed (EAU). De ahí para abajo podríamos seguir con los dueños foráneos hasta la Championship League, Segunda División. El único equipo de prosapia que mantiene capital inglés es el Tottenham de Joe Lewis, empresario nacido en Londres que despacha desde las Bahamas. La Premier sería una ruina si cada uno de sus dueños hubiese impuesto sus ideas por el hecho de poner dinero. No. Al contrario. Cada uno de estos millonarios financiaron la tradición de los clubes que compraron. Dejaron las decisiones en manos de sus fundadores y el juego en los pies del futbolista. Este es el éxito de la Premier: un Liverpool norteamericano contra un City árabe que jugándose el título en una pradera inglesa, será consumido por todo el mundo.  

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