Cartas oceánicas

Cruz Azul y el engaño al tercer mundo

El único pretexto mercantil que encontraron los abogados de FIFA para sacar provecho al tirón de los grandes equipos europeos, fue el Mundial de Clubes. Liverpool, Barcelona, United, Milán, Inter, Chelsea, Bayern; los primeros participantes y, otra vez Real Madrid, dejan mucho dinero en la caja fuerte de Platini todos lo días del año. Jugar un par de fechas a favor de los intereses de Blatter, no les cuesta nada. Al contrario, los hace mas universales. El torneo es la mejor excusa que tienen los europeos para hacerle creer a FIFA que domina el mundo. La realidad es otra. El organismo al que todo el futbol teme, controla el voto de las islas caribeñas, los países africanos, los miembros de Conmebol y Concacaf, gran parte de los países asiáticos y desde luego, Emiratos como Catar —su último gran contrato—, pero lleva mucho tiempo sin mandar en Europa. De Portugal a Rusia, de Noruega a Turquía, pasando por la Premier, la Liga, Bundesliga, Seria A, Ligue 1 o la Eredivisie, FIFA legisla, no manda. Es patrona del reglamento en el campo pero aunque quiera, no forma parte de las decisiones que mueven el gran negocio de la Champions dominada por los pioneros, esos viejos equipos europeos. Un torneo en el que Blatter no aparece ni el día de la Final. El Mundial de Clubes, junto a la Copa Confederaciones, antiguo capricho del Rey Fahd, son un par de engaños maravillosos para vender progreso futbolístico al tercer mundo. La denominación “Mundial”, con la que FIFA bautiza cualquier cosa, sea un torneo donde el campeón de Europa juega dos partidos o uno donde se ensaya la Copa del Mundo, se desgasta. Ni el Madrid será el mejor equipo sobre la tierra cuando lo gane, ni el Cruz Azul el peor ahora que lo pierda.

 

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