Cartas oceánicas

Cosas buenas que parecen malas…

Por primera vez en mucho tiempo FIFA persigue una causa social. Acostumbrada a mirar para otro lado cuando se trata de grandes potencias, apunta contra las dos locomotoras del futbol europeo. En principio fue el Barça, investigado, juzgado y sancionado por la transferencia de derechos deportivos de menores de edad. Contrató irregularmente niños futbolistas por decirlo claro y quedó impedido para contratar futbolistas de cualquier edad y mercado durante los próximos periodos de fichajes. Pasará un año sin firmar a nadie. Ahora, como no podía ser de otra manera, la FIFA busca bajo el tapete de Real Madrid. Al que investiga por la contratación de hasta 50 futbolistas menores en condiciones irregulares. Ambos clubes, las dos entidades que más dinero gastaron y ganaron en los últimos 5 años, -en conjunto sus presupuestos generales superan los mil millones de euros por temporada-, entraron en una dinámica persecutoria por ver cuál de los dos descubría al nuevo Messi, al nuevo Cristiano y de tener mucha suerte, al nuevo Pelé o Maradona. En su búsqueda por potreros, barrios, playas y sabanas, a las canteras de Madrid y Barça, como a la de varios clubes ingleses, llegan cada año niños latinoamericanos, asiáticos, africanos, caribeños y europeos. Que con la promesa de un futuro, el permiso de sus padres, una oferta para ellos y otra para sus cazatalentos, firman sin pensarlo. Nada malo hay en la correcta formación de menores, mucho menos si se trata de instituciones serias. Pero el mercado del futbol, más que mercado una industria a veces sin escrúpulos, corre el riesgo de alterar vidas, familias, romper sueños y aprovecharse de esa ilusión infantil, con tal de ganar más títulos y más dinero que el contrario. 

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