Cartas oceánicas

Un Clásico envidiable

Todas las Ligas necesitan un clásico sano, que al margen de la pasión que desate localmente, funcione como promotor del campeonato. Esta categoría de partidos deben elevar el empaque de la competición en todos los aspectos: deportivo, comercial, televisivo y social. No hay mejor producto para comparar el nivel de expansión de una Liga, que los grandes clásicos jugados por grandes marcas. En España, un clásico nacional logró carácter universal. La Liga española se abrió al mundo a partir de fomentar la rivalidad entre Madrid y Barça, su mejor propaganda. Esto, en épocas de plataformas digitales, multiplica el valor del campeonato y su entorno. De un clásico sano se beneficia todo el medio. En sentido contrario, el clásico argentino Boca vs River, que era el más colorido y emotivo de todos, trasladó al campo los vicios que arrastraba su campeonato hasta convertirse en un partido que comunicaba crisis, bajo nivel deportivo y en el peor de los casos, violencia. En México, la importancia del Clásico se ha desaprovechado para llevar la Liga MX a otro nivel. Guadalajara y América, dos de los equipos con más aficionados del continente, representan la única oportunidad junto a la selección nacional, para que el futbol mexicano sea valorado en otros mercados. Pero ninguno de los dos equipos ha entendido esta responsabilidad. Guadalajara y América juegan un mínimo de cuatro partidos al año en dos estadios majestuosos, con una fuerte inversión en tecnologías de transmisión, sus derechos pertenecen a una de las plataformas de contenido más importantes de habla hispana y están soportados por sponsors de gran notoriedad internacional. El mexicano, es un Clásico de condiciones envidiables, solo le falta el futbol.

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