Cartas oceánicas

"Cinderella Man"

Don José formó parte de esa acaudillada generación setentera de dirigentes que tan bien definen la clase política latinoamericana: Havelange, Grondona, Vázquez Raña, Leoz, Cañedo, Sulaimán, son apellidos que para bien o mal han estado ligados durante décadas al desarrollo deportivo en países cuyos gobernantes sean de izquierda o derecha exigen y consumen ídolos. Por razones populares el deporte se utiliza como mecanismo de promoción y en ocasiones ante la ausencia de líderes en el tercer mundo, funciona como suplemento social. Boxeadores y futbolistas se vuelven material de héroe, gestionar ese impacto era parte de su labor. Hoy, en tiempos donde el marketing deportivo ha cobrado mayor relevancia son las grandes marcas y los medios de comunicación quienes mejor explotan ese activo. Don José Sulaimán era ante todo un político excepcional, supo manejar los devastadores intereses de promotores y empresarios, con los de una profesión que por más reglamentos y cuidados que se tengan nunca serán suficientes para restarle crueldad. La personalidad de Sulaimán siempre cordial y bondadosa, ayudaba a mantener la imagen del boxeo como deporte, lo dotó de caballerosidad. A pesar de su eternización al frente del Consejo Mundial, casi cuarenta años, un dato que podría ser sinónimo de dictadura, su función hasta ayer era fundamental, irremplazable. Su era, la del boxeo en Pago Por Evento, los 12 rounds, la protección a peleadores, los apostadores y las bolsas millonarias solo podía mantenerse en pie alrededor de un dirigente que tuviera el poder en una mano y la razón en la otra. Con cualquier otro presidente el boxeo habría desaparecido. Sulaimán supo gestionar lo mejor y lo peor de este deporte, un peleador.  

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