Cartas oceánicas

Cien años y un día de campo

Sudadera de cierre alto, zapatillas blancas, pantalón deportivo, bigote recortado, boina de lado y silbato colgado al cuello: la silueta de Nacho Trelles es un homenaje al puesto de entrenador. Hombre de campo, su trayectoria ayuda a comprender uno de los grandes misterios del futbol: es un deporte que crece en la tierra. Con 100 años y un día de vida, continúa guardando el juego pegado a la banda, donde el futbol obedece al balón; detrás de esa línea, hay un mundo del que Don Nacho nunca quiso ser parte. Firme, uniformado y al sol, mantuvo su vocación de formador de personas, descubridor de jugadores y defensor de los valores que daban sentido a su profesión: maestro de futbol. Con esa sabiduría ha educado a generaciones enteras de futbolistas, entrenadores, periodistas y directivos. Ágil, agudo y astuto, posee uno de los discursos más atractivos en la historia del futbol mexicano. La palabra de Nacho Trelles, inteligente, innovadora e ingeniosa, dio voz a un juego que parecía silencioso. Antes de Trelles el futbol mexicano era mudo, llegó Don Nacho y le enseñó a hablar, a pensar y a discutir cada circunstancia alrededor de una actividad que no gozaba de mucha credibilidad en la sociedad. A partir de aquí, la figura del entrenador cobró una enorme importancia en la prensa, el entorno de los clubes y el desarrollo del juego como fenómeno popular. Por primera vez el futbol tenía algo que decir más allá del resultado de un partido entre dos equipos, empezó a fundarse una cultura que trascendería los límites del estadio. Su aportación es clave para entender la evolución del futbol como espectáculo de masas, y al mismo tiempo, determinante para comprender que lo más importante de todo, sigue siendo un día de campo. 

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