Cartas oceánicas

Chivas recupera el control de su historia

Se dice que el juego no distingue camisetas, es verdad, pero las camisetas sí distinguen jugadores y la de Chivas, aunque en sus últimas temporadas uniformó a cualquiera, sigue siendo una armadura clásica. Con un cabezazo de Aldo de Nigris y un tiro libre de Marco Fabián, dos futbolistas pasajeros, solo distinguibles por esa camiseta, Guadalajara ganó otro partido trascendental. Ninguno de ellos será ídolo en Chivas. Su paso por este equipo centenario, como la mayoría de futbolistas que lo hundieron y los que llegaron para “salvarlo”, es temporal. Quedan pocos jugadores históricos, sobre todo en Chivas. Pero es la leyenda del equipo, no la de sus integrantes, tampoco la de sus dirigentes o entrenadores, la que terminará salvando la categoría. Ganar cada clásico suma tres puntos como cualquier partido, pero en el caso de un equipo histórico en desgracia, ganar los clásicos devuelve el respeto a todos los que forman parte de él. En esa tabla de valores es donde Chivas había perdido un alto porcentaje de honor. La lucha por el descenso jugada en condiciones matemáticas, empequeñeció su futbol. Hace mucho tiempo que Guadalajara no se sentía un equipo grande. Jugaba, hablaba y pensaba en diminutivo: puntitos, partiditos, poquito carácter. Perdió el control de su historia durante interminables discusiones entre su presente y su maldito futuro. Aunque hubo magníficos intentos por rescatarlo de ese extraño túnel del tiempo, se olvidaron del pasado. Guadalajara como sus accesorios se volvió un equipo perecedero. Se le hizo costumbre perder esas antiguas batallas: los clásicos. En la campaña más crítica de su vida ya ha vencido a Pumas. Ya ha vencido a Cruz Azul. Si vence al América y al Atlas, estará salvado.  

 

josefgq@gmail.com