Cartas oceánicas

"Chicharito" contra los monstruos

El servicio de Javier Hernández al Real Madrid en la etapa montañosa de la campaña fue muy valioso. Podemos medirlo en minutos, kilómetros, partidos, goles, puntos, victorias, pases, rebotes, robos y asistencias; o podemos no medirlo y estimarlo en función del contagio que a partir de los sensacionales brotes de Chicharito, va a producirse en Bale y Benzema, que regresan esta semana al cuadro titular. Dos excepcionales jugadores, pero fríos. Éste será el principal legado de Hernández, que empezó a confirmarse el sábado con la entrada de un nuevo Bale hambriento y temperamental, al que sus compañeros habían señalado como ermitaño. Acuartelado en el estadio, firme sin rechistar, Chicharito sobrevivió al invierno de la Liga calentando todos los domingos muy pegado a la banda mientras Bale y Benzema, apenas lo miraban de reojo. Suplente ejemplar a la orden de un club repleto de tenientes, mariscales y capitanes, se ganó el respeto de la tropa con su paso redoblado: de la banca a la banda y de la banda al autobús. Querido por el vestuario y hoy también admirado, el delantero mexicano ha sido un versículo clave en las homilías de Ancelotti los últimos partidos: humildad, trabajo, disciplina, esfuerzo y unión. En las charlas tácticas sin embargo, apenas se le encuentran condiciones para encajar en el sistema que Real Madrid utiliza para explotar al máximo las virtudes de Cristiano. Un atacante de época que garantiza 50 goles por campaña en gran parte por las cualidades de Benzema. El antídoto del Madrid a la descomunal temporada de Messi, Suárez y Neymar con 108 goles, son Bale y Benzema jugando para Cristiano. Aunque su respuesta dentro del área y el vestuario ha sido emocionante, Chicharito está entre monstruos.  

 

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