Cartas oceánicas

"Chicharito" y Vela: diferencias irreconciliables

Chicharito y Carlos Vela tienen grandes diferencias. Hernández sufre el futbol: pelea, cae y se levanta. Pone la cara, aguanta, falla, lo intenta, corre, sube, baja, se entrega. Responde a todas las convocatorias de México, despega, aterriza, viaja con el pasaporte en los dientes, recupera, se prepara, arriesga su continuidad y nunca se le ha pasado por la cabeza, renunciar a la selección nacional. Tiene todas las características del guerrero, parece un patriota. Vela, en cambio, disfruta el juego: es un talento natural, la raspa, inventa, le sobra técnica para destacar en cualquier equipo, tiene clase, se distingue, se gusta en el campo, marca tendencia en el vestuario, es respetado por la tribuna, analizado por los técnicos y vigilado por los rivales. Pero no tiene ambición, le falta garra. Si Chicharito pisa el área, rebota y contrarremata; el estadio murmura. Cuando Vela apunta con el balón pegado al pie, la grada fija la mirada; contiene la respiración y aunque falle, aplaude, comenta y a veces se levanta. Hernández arranca un ¡ahh! A Vela lo acompaña un ¡ohh! El futbol es injusto, pero más injusta es su oratoria. Entre Javier Hernández y Carlos Vela, México tiene al jugador perfecto: valiente, resistente, inteligente, perseverante, potente, excelente, sorprendente, eficiente y elegante. Los desperfectos de uno, son las propiedades del otro. Hernández contra pronóstico, sigue encabezando al futbolista mexicano en Champions. Camina de frente. Vela, con viento a favor, se rinde, escucha campanas, se acomoda, habla con promotores y analiza ofertas de la MLS. Busca un paso atrás. Chicharito avanza y ataca. Vela se detiene y amaga. Si el partido termina, uno sueña, el otro descansa. No podemos tener todo, calma.

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