Cartas oceánicas

La Champions según San Matteo

Roberto Di Matteo es un forastero sin equipo. Reprobado por los doctores en futbol, calumniado por los Mesías en Facebook y crucificado por los fariseos en Twitter, terminó campeón de Champions con el Chelsea, haciendo más futbol del que Mourinho presumió en el Calderón. Pero el manual de las buenas costumbres, editado por los sibaritas del medio, condenó al único gran campeón que ha tenido Stamford Bridge. La estadística es cruda. Una novela de nuevos ricos que el jodido Di Matteo escribió solo, abandonado en un desván de Londres. Sus críticos de dudoso pedigrí murmuraban de aquel entrenador. Interino, mal vestido, mendigo del “prime time” en la BBC y Sky; corriente ex jugador al que los diarios sensacionalistas mostraban en sus planas como Il Postino de Abramovich. Un humilde centrocampista de origen italiano nacido en la frontera Suiza. Pobre Di Matteo, hoy duerme en un vagón de tren mientras Mourinho, que planteó un partido medieval en pleno 2014, pone rumbo a Stamford Bridge en jet privado. Hablar de Mourinho, analizar a Mourinho, predicar sobre Mourinho, se volvió de repente una cátedra para los analistas de televisión. Los nuevos presentadores de los viejos medios se llenan la boca interpretando su juego. Predican. Creen descifrar fenómenos cuánticos, 4-1-4-1; 3-4-3; 4-4-2... como si el futbol fuese un deporte inexplicable. Entre el conmovedor Atlético de Simeone, un equipo austero, y el frígido Chelsea de Mourinho, un equipo de claustro, el enigma de la primera semifinal de Champions League que turbó a tantos peritos, habría sido resuelto con menos solemnidad por el tosco Roberto Di Matteo. Un entrenador sin seguidores. Olvidado por el marketing, enterrado por Mourinho y jubilado por la prensa.

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