Cartas oceánicas

Carga ilegal

Íker Casillas transpira las antiguas virtudes del Real Madrid y encarna sus vicios modernos, las últimas temporadas jugó para un neoclásico. No se sabe con exactitud a qué época pertenece un equipo capaz de olvidar al último de sus antepasados. El portero, que salió del batallón de infantería y llegó a capitán general, fue elegido héroe y entonces, apestó. Como sucede con todos los futbolistas de colección que por antológicos, huelen a viejo, que era el olor de los grandes clubes de futbol. Pero desde hace tiempo, los nuevos habitantes del Bernabéu confunden los aromas del juego: donde olía a sudor, huele a Chanel y donde olía a estadio, huele a mercado. Lo único que no ha cambiado es el olfato del Real Madrid para los negocios. Sus tradiciones se volvieron propaganda cuando el título de Mejor Club del Siglo XX fue utilizado como licencia de obras. En el nuevo Real Madrid incluso se permite demoler la historia. Íker Casillas, jugador almacenado en las mejores bodegas del futbol con dos Eurocopas, tres Ligas de Campeones y un Mundial, lleva cinco años expuesto al juicio más severo que puede enfrentar un capitán: en cada partido se le exigía un documento que comprobara su identidad con un equipo al que trajo riquezas, conquistó territorios y entregó su vida. Casillas, legitimado por el mundo como madridista de buena madera, lleva cargando todo este tiempo una sospecha de traición: se le acusa de proteger la memoria del Real Madrid como un club honrado, caballeroso y respetuoso con su pasado. Al borde de su carrera el portero fue empujado, carga ilegal. Casillas será liquidado, se lleva los guantes, un álbum de fotos grandes y una maleta con dinero que le ha dado un club al que siendo niño, escogió como familia.

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