Cartas oceánicas

"CR7", vuelo cancelado

Cristiano abandona el Mundial. Un futbolista hercúleo que apechuga una gran parte de fanáticos por el mundo. CR7 es una corporación: Cristiano S.A de C.V. Por sí solo convoca más aficionados que Portugal habitantes. No hay mercado en el mundo que resista sus encantos. Es el hombre marca, un Superman sin los anteojos de Clark Kent.

Parecía no tener fecha de caducidad, pero la primera ronda del Mundial, un carnaval entre Messi y Neymar, lo confirman como un personaje de ciencia ficción. Con 33 años no invadirá las portadas de Rusia 2018. Durante los próximos cuatro años perderá el erotismo que forra su talento.

Esa virtud comercial de atleta moderno se desvaneció contra la viril Alemania, la mecánica norteamericana y la sencilla Ghana. El hecho es una tragedia bursátil porque asistimos a la decadencia de un futbolista monumental. Como un coloso en ruinas CR7 derribó la mayor campaña de Nike. Millones de dólares e ilusiones habían sido depositados en su musculatura, acaso, una portada viral para Vanity Fair.

El futbol con enorme nobleza, concede al jugador moderno toda clase de servicios. Es un cheque al portador. A su disposición están las redes sociales para convocar, las grandes marcas para vender y los medios para distribuir. Pero sin un buen equipo de futbol el futbolista mercantil, no es más que kilos de carne. Un costal sensual. Equipaje lleno de fantasías.

Cristiano aterrizó en Brasil 2014 como la gran figura de clubes. La exposición mediática que le ofreció el universal Real Madrid lo convirtió en un jugador franquicia. Un bien inmueble y a la larga, un futbolista inmóvil. Paralizado por un tendón amarrado a la Champions. Cristiano despilfarró otro Mundial, perdió el vuelo al corazón del futbol.  

 

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