Cartas oceánicas

Buscando a Ronaldinho

El futbol nunca pudo domesticar a Ronaldinho, una especie de jugador que vive a orillas del reglamento. Pero de haber seguido las leyes del juego, el futbol se habría perdido un jugador como Ronaldinho. Esta es la contradicción. Todos los clubes por los que ha pasado, desde el Barça hasta Querétaro, han sufrido y disfrutado con su forma de interpretar el futbol, que es también, su forma de entender la vida. Ronaldinho nunca engañó a nadie. Él es así. Tiene otro concepto del triunfo. Uno que no puede medirse en puntos, fechas, ni horarios. Su carrera a los ojos de todos, ha sido un ejemplo de inventiva, gracia, plástica y libertad. Nadie asiste a un estadio para verlo competir. Se paga un boleto para verlo jugar. Sorprendernos. Imaginar cosas que nadie es capaz de lograr con un balón, tiene un precio. Hace mucho tiempo el futbol se dio cuenta que Ronaldinho no ganaba partidos. No podía confiársele un campeonato, un equipo o un vestuario. Futbolistas como este, a los que nadie enseñó a jugar, crean un mundo al margen de la ley en donde son felices lejos de las instituciones, sus obligaciones y responsabilidades. La directiva de Gallos Blancos y su nuevo director deportivo, pretenden meter en cintura a un jugador al que le sobran movimientos de cadera dentro y fuera del campo. Joaquín Beltrán nunca tuvo una gran relación con la pelota. Al contrario. Su carrera se hizo en la batalla, fue un hombre de honor, capitán de mar y guerra, recio central. Nació en las antípodas de Ronaldinho al que todos los valores épicos del futbol, se le resbalan. Va a ser una semana divertida. Con Ronaldinho disfrutando en alguna playa con su pelota y Beltrán, pretendiendo enseñar a Ronaldinho el significado del futbol.   

 

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