Cartas oceánicas

Rigurosa belleza

Desarraigado, vinculado a un movimiento político e infiel con su fundamento, Brasil organizó el Mundial más caro de la historia en torno a un equipo barato. Una selección que nunca fue representativa, ni de su pueblo ni de su juego. Enfervorizados los brasileños durante todo el campeonato, se agarraron al clavo ardiendo de un himno, que a capela, funcionaba como un bálsamo de botica para cubrir las gigantescas heridas de un país al que también el futbol, parece dar la espalda. La bochornosa selección brasileña de Scolari, tiene la mala suerte de no irse a casa, sino de quedarse en ella. Recordaremos Brasil 2014 por muchas cosas, casi todas buenas, pero con el tiempo, cuando caiga la pintura del estadio, se borren las estampas de los goles y descascaren sus paredes, recordaremos Brasil 2014 por su derrota. Siete goles en casa, frente a Alemania, dentro de un Campeonato Mundial y en una semifinal, no es un hecho, es una inscripción tallada en la piedra filosofal del futbol, aquella que se supone había sido descubierta en sus playas. Queda escrito. El futbol alemán habituado al progreso, fundió en hierro, también, la victoria más emblemática de su trayectoria. Ninguno de sus poderosos clubes, tampoco las más históricas de sus selecciones, habían ganado con tanta contundencia en un momento tan preciso de la historia. Camino a otra final de Mundial, un partido tan familiar a ellos, estallan como el equipo de mayor belleza y rigor que se haya visto por aquí. Belleza y rigor, dos corrientes opuestas, que en esta Alemania moderna, fluyen con tal destreza que modifican el rumbo del juego. Al futbol podía jugarse antiguamente con la escultural belleza de Brasil, ahora puede jugarse con la rigurosa belleza de Alemania. 

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