Cartas oceánicas

Brasil 2014, de la comedia a la tragedia

No hay por dónde enderezar la organización de este Mundial, a la serie de manifestaciones frente a los discursos poco convincentes y las cifras nada transparentes en desarrollo y beneficios, se sumaron en las últimas semanas las aquí documentadas protestas deportivas con futbolistas cruzando los brazos en plenos partidos de Primera División, caos en algunas obras inconclusas y ahora también, el enfrentamiento más violento del año entre aficionados de Paranaense y Vasco da Gama, este último, prácticamente descendido. FIFA ha entrado en pánico, no quiere imaginarse lo que pasaría si por cosas del futbol, la selección brasileña queda eliminada en alguna ronda fuera del guión previsto. Lo único que puede mantener a Brasil con cierta paz y distracción durante un Mundial tan cuestionado es que su selección avance hasta llegar a la final. Menos que eso terminaría por desatar un movimiento difícil de controlar en un evento que no goza de la aprobación popular. Nadie dude que si hace falta, Blatter puede encargarse de mandar a Brasil hasta la final. El sorteo y su ridícula siembra ha dejado muy mal parada, una vez más, a FIFA con los europeos. Nadie se cree el cuento de los ránkings, tampoco el tema del repechaje y la forma en que equipos que llegaron de carambola al mundial terminen en grupos más accesibles que otros clasificados con autoridad y también, mejor rankeados. La credibilidad de Brasil 2014 y su pertinencia cada vez es más débil. Si lo del sorteo en Costa do Sauípe el viernes fue una comedia, la violencia de ayer en Joinville Santa Catarina fue un tragedia. En estos extremos tan cuestionables anda moviéndose el Mundial. No hay marcha atrás, si Brasil no sale campeón en el campo, lo será por decreto. 

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