Cartas oceánicas

Del Brasil de David Luiz al de Neymar

Neymar volvió a ser titular 47 días después. No nació como jugador del Barça, se brincó La Masía, pero con Brasil, parece el mejor de todos. Ayer en Goiania a nueve días del Mundial, dio el recital que le dicta su tierra. Fue bondadoso y abundante, pero aún en su exuberancia, fue preciso, eficaz. Un cuchillo muy afilado. Scolari buscó un rival que tuviera ciertos rasgos mexicanos y eligió Panamá. Porque el equipo de Bolillo Gómez a pesar de aún no tener rodaje competitivo, es un cuadro que busca la pelota, es veloz al frente y puede ser molesto en la presión.

Los primeros 25 minutos del partido sirvieron para detectar que Brasil, el inmenso favorito, no es un equipo invencible, tampoco asusta. La misma conclusión sacó el público de Goiania que al sentir un cuadro demasiado Scolarizado silbó por momentos a una selección que alineó con Julio César; Dani Alves, David Luiz, Dante, Marcelo; Ramires, Luiz Gustavo, Oscar; Hulk, Neymar y Fred. Acostumbrados a jugar con esa presión popular, los brasileños, salvo Neymar, ofrecieron el rigor táctico que tanto gusta a su técnico, mucha pierna, mucho nervio, poco balón, ningún acompañamiento.

Con ese dogma brillan futbolistas como David Luiz, amonestado al minuto diez por exceso de revoluciones. Una señal del juego sin balón que interpretará el Brasil de Scolari, porque cuando el balón llegue a Neymar, los partidos de Brasil van estallar.

No importa que haya sido frente a un rival menor, la estrella brasileña rompe esquemas. Primero a balón parado, después con un desmarque, un taconazo y un servicio medido. En cuatro tiempos Neymar hizo jugar a Brasil. A este Brasil, el de Neymar, será imposible ganarle; pero al Brasil de David Luiz, le puede ganar cualquiera.     

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