Cartas oceánicas

Brasil: Bienvenido a Fortaleza

México se instaló en la prensa internacional gracias a una noche memorable de Guillermo Ochoa, hasta ahí la lectura emocional de un partido a pecho descubierto en Fortaleza, la apasionada guarida de Brasil. Pero existe una visión más conmovedora que relata las intenciones campo adentro de una selección que intentó ganar el juego. México será reconocido por el Mundial como el cuadro más valiente de su primera ronda. Los reflejos del guardameta, una posición destinada al heroísmo, son un homenaje al esfuerzo del resto. Las atajadas de Ochoa están a la par del sacrifico de Giovani, Peralta y Guardado. Claves para mantener la posición de México en terreno brasileño. No puede entenderse el desenlace positivo del partido (0-0), sin la desgastante labor a la que fueron sometidos Alves y Marcelo por los atacantes y laterales mexicanos. El ahínco que la selección demostró en perforar las bandas, coincidió con el rigor de Layún y Aguilar por clausurar todas las salidas. En consecuencia Thiago Silva y David Luiz no ofrecieron soluciones al frente, más bien fueron refugio. México acordonó a Brasil metros por delante de Julio César. Miguel Herrera ordenó el precinto de la misma forma que ordenó recluir a Neymar en una zona de menor influencia para su juego. El mejor futbolista brasileño esta y otras noches, apenas pudo escabullirse de la franja de amenaza que fijaban Herrera y Vázquez. Las pocas veces que Neymar llegó a conectar el ataque brasileño electrizando a Oscar, aparecía Moreno, Rodríguez o Márquez para desactivar la corriente de juego. Aun así en cuatro ocasiones Brasil estuvo cerca de ganar, pero en un partido donde todos luchan por su vida, al portero toca la maravillosa vocación de guardar la fortaleza.

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